Cuando empieza el corte ya no hay decisiones logísticas que tomar: solo queda ejecutar lo que se reservó en marzo.
En fruta fresca la logística no es un servicio que se contrata cuando hay carga: es una posición que se toma con meses de anticipación. Quien llama en noviembre buscando espacio reefer para diciembre está negociando desde el peor lugar posible.
Marzo: estimar y comprometer
Con la estimación de campaña en la mano —aunque tenga un margen de error del veinte por ciento— se puede comprometer espacio por semana con las navieras del corredor. El compromiso es el que da acceso a equipo en el pico; la exactitud del pronóstico importa menos que el hecho de haberlo hecho.
Junio: validar la cadena de frío
- Verificar el estado del equipo reefer que se asignará y su historial de mantenimiento.
- Definir el protocolo de preenfriado y el tiempo máximo entre packing y estiba.
- Acordar quién monitorea la temperatura en tránsito y a quién se le avisa ante un desvío.
Septiembre: documentación y contingencias
Certificados fitosanitarios, requisitos del mercado de destino y permisos deben estar resueltos como proceso, no como trámite individual por embarque. Y hay que tener escrito qué se hace si un buque omite recalada: a qué puerto alternativo se desvía, con qué costo y quién lo autoriza.
Diciembre: solo ejecutar
En el pico no hay tiempo de decidir nada. Todo lo que no se resolvió antes se resuelve mal, caro, o no se resuelve. La campaña se gana en marzo.
1 900
contenedores reefer coordinados en la última campaña



