Un importador de consumo masivo pagaba demoras todos los meses sin saber exactamente por qué. El problema no estaba en el puerto.
El cliente movía alrededor de setecientos contenedores al año desde Asia y pagaba sobrestadía en aproximadamente uno de cada cinco. La conversación interna llevaba dos años en el mismo punto: el puerto estaba congestionado, el operador anterior no avisaba a tiempo, la aduana se demoraba. Todas explicaciones razonables y ninguna accionable.
Lo primero que hicimos fue no proponer nada. Durante seis semanas registramos, contenedor por contenedor, la hora exacta de cada hito: aviso de arribo, numeración de la declaración, asignación de canal, levante, cita de retiro, llegada a planta y devolución del vacío. Setecientas filas, siete columnas.
Dónde se iban los días
El puerto casi no aparecía. De los días facturados como sobrestadía, la mayoría se acumulaba en dos lugares que nadie estaba mirando: la espera entre el levante y la cita de retiro —porque la planta solo recibía martes y jueves— y la devolución del vacío, que se hacía cuando había camión disponible y no cuando corría el reloj.
- La documentación llegaba completa, en promedio, cuatro días después del zarpe. Numerar antes del arribo era imposible.
- La planta recibía dos días por semana; un contenedor que salía un viernes esperaba hasta el martes.
- El vacío se devolvía en promedio 2,8 días después de la descarga, con los días libres ya vencidos.
Lo que cambió
Movimos la exigencia documental al proveedor en origen: sin juego completo de documentos, no se confirma el zarpe. Eso solo permitió numerar antes del arribo en la mayoría de los embarques, lo que adelantó el levante entre uno y dos días.
Con la planta acordamos una tercera ventana de recepción para contenedores con días libres por vencer, y programamos la devolución del vacío como parte del mismo viaje de entrega, no como una tarea aparte.
54 %
menos días de sobrestadía facturados en doce meses
Ninguna de las tres medidas es sofisticada. Lo difícil no fue resolverlo: fue medirlo. Mientras la sobrestadía se explicaba con el puerto, no había nada que arreglar.



